De repente, la magia apareció
tras un "hola qué tal, eres...Javier",
la voz que regresaba del ayer
hasta el fondo del alma me llegó.
Una lágrima entonces resbaló
que ni supe ni quise detener,
aquella era la voz de la mujer
que nunca mi recuerdo abandonó.
No fue definitivo nuestro adiós;
los milagros existen, óyelos
esperando en la esquina del quizás;
miramos treinta otoños hacia atrás,
la vida sonrió para los dos
y yo volví a quererte una vez más

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