Pobrecita mía, tan adolescente,
agua clara y fresca en manos ajenas,
te engañaron todos, pusieron en venta
tu candor, tu estima, tu cuerpo y tu mente.
Y tú pobrecita te entregaste apenas
te dijeron: “niña, te conviene éste,
carrera, dinero, es el pretendiente
que te hará dichosa, no lo dudes nena”.
Y así malamente se encerró tu vida
en la intrascendencia de lo cotidiano,
en vulgar parodia de lo que anhelaste...
y encima es un puño en vez de una mano;
¡qué cruel destino, qué duro revés
cuando te vendieron a un triste marqués!

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