Vuelven de nuevo sus rostros a asomarse
al lago azul, tranquilo y olvidado,
sus ojos, sus sonrisas, se han quedado
reflejadas allí, sin marchitarse.
Alguna noche regresan del pasado
desfilando ante mí, para acordarse
del hombre que las quiso, para darse
un paseo alrededor del lago.
Pero de todas ellas, hoy lo sé,
queda una sola, las otras se marcharon,
queda una sola que nunca olvidaré;
una sola, la única en mi fe
de todas las mujeres que me amaron,
de todas las mujeres que yo amé

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