A ese amor que tuve aquella tarde,
el amor juvenil, sin condiciones,
sin contratos, sin contraprestaciones,
el amor por amor, amor que arde...
a ese amor teñido de ilusiones,
ni torpe, ni cautivo, ni cobarde,
a ese amor que tuve aquella tarde
sin trabas, sin mentiras, sin razones...
a ese amor distinto y tan distante,
ahora le dedico este soneto,
pobrecito recuerdo de un gigante
que llenaba mi vida por completo;
¡qué amor aquel amor, qué fascinante
amor sin fin, romántico y secreto!

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