No tienen culpa tus labios
si buscaron otro fuego
cuando mis manos, inertes,
no encendieron tu invierno.
Perdono tus noches largas
huellas en otros cristales,
eco de risas prestadas,
piel que no supe calmar.
Fue mi cuerpo, no tu alma,
el que rompió el juramento;
fue el silencio de mi carne
el que abrió tus adulterios.
No tienen culpa tus labios
si buscaron otro fuego
cuando mis manos, inertes,
no encendieron tu invierno.
Perdón te pide mi ausencia,
la sombra que fui en tu lecho,
y hoy, con el pecho abierto,
solo te pido clemencia.
El amor que no sé darte
volará en otras alas,
yo sigo aquí mientras bailas
en los brazos de otro amante.
No tienen culpa tus labios
si buscaron otro fuego
cuando mis manos, inertes,
no encendieron tu invierno.
Perdón te pide mi ausencia,
la sombra que fui en tu lecho,
y hoy, con el pecho abierto,
solo te pido clemencia.
El amor que no sé darte
volará en otras alas,
yo sigo aquí mientras bailas
en los brazos de otro amante.
El amor que no sé darte
volará en otras alas,
yo sigo aquí mientras bailas
en los brazos de otro amante